LA AGRESIVIDAD

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La agresión es una respuesta natural y de adaptación ante la amenaza; representa una emoción que inspira sentimientos y conductas poderosas que permiten luchar y defendernos cuando somos atacados.

Con frecuencia, detrás de la conducta agresiva se encuentra el enojo. Éste ocurre como una respuesta a la frustración o ante una amenaza física o psicológica.

Las personas utilizan una variedad de procesos conscientes e inconscientes para manejar el enojo. Sus tres aproximaciones son: expresión, supresión y calma.

El expresarlo de forma asertiva y no agresiva constituya la forma más sana. Para hacer esto, se necesita aprender a mostrar con claridad las necesidades y establecer como alcanzarlas sin dañar a los otros.

¿QUÉ PASA CUANDO NO EXPRESAMOS EL ENOJO?

El enojo no expresado puede crear otros problemas como conductas pasivo-agresivas o la creación de una personalidad permanentemente cínica y hostil hacia los demás.

La supresión sucede cuando dejamos de pensar en el enojo y nos enfocamos en algo positivo. El fin es inhibirlo y convertirlo en una conducta constructiva. Sin embargo, el peligro de ello es que, si no se permite una expresión abierta, el enojo se vuelve interno y se vuelca hacia uno mismo, lo que puede ocasionar  hipertensión,  depresión y autoagresión.

LA RAZÓN FISIOLOGICA DE LA CONDUCTA AUTOAGRESIVAS.

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Algunos investigadores han sugerido que ciertos neurotransmisores podrían causar conductas autoagresivas. Las Beta-endorfinas son sustancias pseudo-opiáceas en el cerebro, y la autoagresión podría incrementar su producción y/o liberación. Como resultado, el individuo experimenta un efecto pseudo-anestésico y, de forma ostensible, no experimentará ningún dolor mientras produce la conducta (Sandman y cols., 1983). 

Convulsiones.

Las conductas autoagresivas a menudo han sido asociadas con actividad ictal en los lóbulos temporal y frontal (Ge

dye, 1989; Gedye, 1992). Las conductas asociadas a actividad ictal incluyen: golpearse la cabeza, golpearse con las manos los oídos y/o la cabeza, morderse las manos, golpear con la barbilla, rascado de cara o brazos, y en algunos casos contacto cara-rodilla. Debido a que estas conductas son involuntarias, algunos individuos buscan alguna forma de restringirse y controlarse a sí mismos.

Aproximadamente 25% de las personas con autismo comienzan a convulsionar durante la pubertad. La razón exacta para la aparición de las convulsiones es desconocida, pero es probable que la actividad convulsiva podría deberse a los cambios hormonales en el cuerpo. 

Genética.

La conducta autoagresiva se encuentra asociada a varios desórdenes genéticos, incluyendo el Síndrome Lesch-Nyhan, Síndrome X Frágil y Síndrome Cornelia de Lange. Se cree que estos desórdenes genéticos podrían causar alguna forma de daño estructural y/o anormalidades bioquímicas las cuales, a su vez, podrían causar que el individuo se autoagreda.

Excitación.

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Se sugiere que el nivel de excitación de un individuo podría estar asociado a conductas autoagresivas. Algunos investigadores han especulado que la autoagresión podría incrementar o disminuir el nivel de excitación. La teoría de la sub-excitación dice que aquellas personas que funcionan en un bajo nivel de excitación, producen conductas autoagresivas para incrementar su nivel de excitación (Edelson, 1984; Baumeister y Rollings,1976). En este caso, la autoagresión podría ser considerada como una forma extrema de autoestimulación.

Dolor.

Otra razón por la cual un individuo puede golpearse la cabeza, es para reducir dolor de una infección del oído medio o una migraña (de Lissovoy, 1963; Gualtieri, 1989). Adicionalmente, algunos individuos autistas reportan que ciertos sonidos como los de un bebé llorando o una aspiradora les producen dolor. En todos estos ejemplos, la autoagresión puede producir la liberación de beta-endorfinas las cuales pueden disminuir el dolor. Por el contrario, estos sujetos pueden estar “bloqueando” el dolor. En este caso, la estimulación en un área del cuerpo podría reducir o aplacar el dolor en otra área del cuerpo.

Sensorial.

El rascado o frotamiento excesivos podrían ser formas extremas de autoestimulación. La persona podría no sentir los niveles normales de estimulación física; y como resultado, daña su piel tratando de recibir estimulación o incrementar excitación (Edelson, 1984).

Frustración.

Los cuidadores y padres informan a menudo que la autoagresión de los niños es resultado de la frustración. Esto es consistente con el modelo Frustración-Agresión propuesto por Dollard y sus colegas (1939). Comúnmente se informa de situaciones como la siguiente: una persona con pobres habilidades de comunicación se frustra debido a su falta de comprensión (p.ej. comunicación receptiva) o debido a que los cuidadores les falta capacidad de comprensión (p.ej. pobre comunicación expresiva); o un individuo que muestra buenas capacidades comunicativas pero no obtiene lo que desea. Estas razones son discutidas en la siguiente sección.

 

CAUSAS SOCIALES

Comunicación.

Los problemas de comunicación han estado muy a menudo asociados a conductas autoagresivas. Si una persona posee pobres habilidades receptivas y/o comprensivas, esto puede llevarle a frustración e incrementarse hasta convertirse en autoagresión.

Atención Social.

Mucha investigación se ha focalizado en las contingencias sociales de la autoagresión. Lovaas y colaboradores fueron capaces de controlar la frecuencia de la autoagresión mediante la manipulación de consecuencias sociales (Lovaas y cols., 1965; Lovaas y Simmons, 1969). Básicamente, la atención positiva puede aumentar la frecuencia de la autoagresión (p.ej. refuerzo positivo), mientras que ignorar la conducta puede disminuir su frecuencia (p.ej. extinción).

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Otra de las razones por las cuales un individuo podría producir conductas autoagresivas es obtener un objeto o evento (Durand, 1986; Durand y Cremmins, 1988). Por ejemplo, un individuo podría pedir algo, no recibirlo y entonces producir una conducta autoagresiva. Adicionalmente, la conducta podría reforzarse positivamente, si el individuo recibe ocasionalmente el objeto o evento deseado. Una encuesta realizada por Maisto y cols., (1978) reportó que un 33% de los pacientes producían conductas autoagresivas porque “deseaban algo”.

Evitación/Escape.

Algunos individuos producen conductas autoagresivas para escapar o evitar encuentros sociales “aversivos” (Carr y cols., 1976; Edelson y cols., 1983). El individuo podría producir conductas autoagresivas justo antes de las interacciones sociales; y por ende, las evitará antes que comiencen. De forma alternativa, el individuo podría producir conductas autoagresivas para escapar (terminar) encuentros sociales que ya se han iniciado. Por ejemplo, un cuidador podría pedirle a su paciente que haga algo; y si el individuo no desea cooperar, podría producir una autoagresión. Como consecuencia, la respuesta inicial del cuidador es olvidada, y su atención se desvía a controlar la autoagresión.

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