VAGUEDADES DEL PERDÓN

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Antes de pensar en perdonar, es imprescindible que nos desprendamos de las falsas ideas sobre el perdón. Hay que entender que las ofensas responden a contrariar los valores morales que, sin embargo, dada la situación geográfica puede variar. Lo que significa que, lo que puede resultar una ofensa en cierto lugar, una injuria en un estado, puede ser permitido en otro. Por ello es funcional entender que la percepción del perdón no debe contaminarse a responder a criterios superficiales.

Por eso es urgente denunciar las falsas concepciones que se han elaborado en torno al perdón o su práctica, con el fin de poder evitar los “im passes” de orden psicológico y espiritual. La naturaleza del perdón responde a nueve principios, que son:

  • No significa olvidar

CvJmNQLWcAMp0WQEs un error pensar que la prueba del perdón es el olvido, todo lo contrario, ayuda a la memoria a sanar, porque con ello la herida pierde terreno al estar el suceso desgraciado cada vez que menos presente. Cuando se perdona, la herida hecha cicatriza poco a poco, mediante el recuerdo de la ofensa hasta que ya no inflige dolor. Por eso la memoria curada se libera y puede emplearse en actividades distintas del recuerdo deprimente de la ofensa.

  • Evita la negación

Cuando se recibe un golpe duro, una de las reacciones más frecuentes es acorazarse contra el sufrimiento y contra la emergencia de emociones. Esta reacción defensiva a menudo adquiere la forma de una negación de la ofensa. Este reflejo de defensa puede generar una reacción patológica. El perdón no lleva consigo la negación, si así fuera no podría producirse efectos mientras existía la negativa a reconocer la ofensa con su secuela de sufrimiento.

La sanación total se consigue encontrándole modo de expresión incluso a los sentimientos nocivos que se fundan dentro de nosotros cuando existe resentimiento, pues la negación no nos lleva a nada, que no sea adormecer la ira por unos instantes, algo así como enviarla a invernar pero que en cualquier momento puede volver a despertar.

  • Requiere más que un acto de voluntadla-neurociencia-del-poder-de-la-voluntad-1

Existe lo que muchos especialistas llaman el perdón mágico, que es aquel que se brinda cuando en realidad no se tiene la firma convicción de hacerlo. El verdadero perdón requiere más que un acto de voluntad, necesita un compromiso real de que se va a llevar a cabo. Y el proceso es más o menos largo en función de la herida, las reacciones del ofensor y los recursos del ofendido. Por supuesto, la voluntad ha de representar un papel importante, pero no realiza el trabajo del perdón por sí sola. Para el perdón se movilizan todas las facultades: la sensibilidad, el corazón, la inteligencia, el juicio, la imaginación, la fe.

  • No es una obligación

El perdón verdadero tiene la exigencia de ser libre, pero hay algunos predicadores que sienten la gran tentación de obligar a la gente a perdonar libremente. De lo contrario, el acto omiso del perdón se enfrenta a las reticencias de los sentimientos y las emociones, que también exigen ser escuchados. Reducir el perdón, como cualquier otra práctica espiritual, a una obligación moral es contraproducente, porque, al hacerlo, pierde su carácter gratuito y espontáneo.

Efectivamente, el perdón no es una obligación, más bien se nos da la oportunidad de limpiar nuestra alma y con ello el cuerpo, pero es de nosotros la decisión final de hacerlo.

  • No borra la agravante

El acto del perdón no siempre significa reconciliarse con la persona que cometió el agravio. Con frecuencia confundimos perdón y reconciliación, como si el acto de perdonar consistiese en restablecer unas relaciones idénticas a las que teníamos antes de la ofensa. EN las relaciones íntimas de parentesco, de vida común y de trabajo, la reconciliación debería ser la consecuencia normal del perdón. Pero el perdón en si mismo no es sinónimo de reconciliación porque puede tener su razón de ser sin que ésta exista.

  • No es privarnos de nuestros derechos

disculpas-597c2c843df78cbb7a276970Existen personas que dado sus experiencias personales entienden al perdón como una forma de privarse de sus derechos, lo que los lleva a mostrarse renuentes a la hora de efectuarlo. Pero hay que entender que la justicia y el perdón son dos cosas contrarias y que aceptar uno no significa renunciar a otra. Mientras la justicia se ocupa de restablecer sobre una base objetiva los derechos de la persona perjudicada, el perdón responde en primer lugar a un acto de benevolencia gratuita, lo que no significa que al perdonar se renuncie a la aplicación de la justicia. El perdón que no combate la injusticia, lejos de ser un signo de fuerza y de valor, lo es de debilidad y de falsa tolerancia, lo que incita a la perpetuación del crimen. Por ello es vital no perder la perspectiva real del perdón, porque otorgarlo no nos priva de mantener nuestros derechos.

  • No devuelve la confianza

Perdonar no equivale disculpar al otro, es decir, descargarle de cualquier responsabilidad moral. No faltan los pretextos para justificar esta postura: la influencia de la herencia, de la educación, de la cultura ambiente. En tal caso, nadie sería responsable de sus actos, porque nadie gozaría de suficiente libertad.

Reiteramos que perdonar no significa olvidar, pues la confianza no se construye de la noche a la mañana, sino de forma paulatina.

  • No se hace para elevarse moralmente

Algunos perdones más que liberar, humillan. Bajo una apariencia de agnanimidad, pueden disimular un instinto de poder.

Cuando el perdón se utiliza con estos fines, es evidente que no sirve, porque el verdadero perdón de corazón tiene lugar en la humildad y abre el camino a una verdadera reconciliación. El falso perdón, por el contrario, sólo sirve para mantener una relación dominante.

  • Evita delegar la venganza en terceros

A menudo las personas aceptan perdonar a sus semejantes con la falsa idea de que Dios se encargará de castigarles, y aunque esto puede ser posible, el perdón así tampoco sirve porque no es genuino. Dios en el ámbito del perdón -como en cualquier otro ámbito-, no hace por nosotros lo que corresponde a la iniciativa humana.

ASÍ…

Cuando nos despegamos de estas vaguedades del perdón obtenemos la confianza de que no es algo que nos rebaja como seres humanos. De hecho estas malas interpretaciones del perdón son de tal naturaleza que hacen que le perdamos sentido a esta palabra que implica acción. Y, por tanto, es fundamental que las dejemos de lado, ya que si bien, emprender la vía del perdón verdadero exige mucho valor, evitar ceder a los espejismos de los falsos perdones no requiere menos.

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