LIMITES EMOCIONALES

Suele decirse que nunca podemos llegar a saber hasta donde somos capaces de aguantar. Que la capacidad del ser humano para soportar y sufrir, puede ser a veces inmensa. Pero no es del todo cierto.

Uno puede estar viviendo una situación con un alto nivel de estrés y ansiedad, y no aparentar exteriormente excesivo padecimiento, pero por dentro, el sufrimiento vital nos va quebrando.

Los límites son como “vallas” invisibles y simbólicas que tienen 3 propósitos

1. Impedir que la gente penetre en nuestro espacio y abuse de nosotros.

2. Impedirnos a nosotros entrar en el espacio de otra gente y abusar de ellos.

3. Proporcionarnos un modo de “tocar materialmente” el “quienes somos”. 

¿sabes dónde está tu limite emocional?

Puede que tú, seas una de esas personas que lo da todo por los demás, que antecede las prioridades del resto a las tuyas. Una persona sincera, de gran sensibilidad que busca ante todo el bienestar de quienes le rodean.

Puede que en más de una ocasión te hayas llevado una desilusión. Que sin más, haya llegado el sufrimiento ante alguien que lejos de respetarte, te ha despreciado.

Suele ocurrir. Es el riesgo que sin lugar a dudas padecen en mayor parte las personas de gran sensibilidad y apertura emocional. No siempre reciben aquello que invierten.

Debemos saber poner unos límites y para ello nada mejor que conocernos a nosotros mismos.

¿Qué es lo que nunca soportaría? ¿Ser manipulado, ser engañado, la soberbia de otras personas? El conocer nuestras fortalezas y debilidades nos ayudará a establecer límites.

Otro aspecto esencial es darlos a conocer. Si yo por ejemplo no soy capaz de decir “no” en una situación puntual, seguramente poco a poco la montaña acabe haciéndose más grande y el problema insuperable.

En nuestras relaciones afectivas es primordial que demos a conocer aquello que no nos gusta y que no estamos dispuestos a permitir: las malas palabras, la falta de respeto, la falta de diálogo, la manipulación o el chantaje…

Si no informamos de lo que no queremos, la otra persona en ningún momento sabrá a qué atenerse. Es una necesidad, es algo saludable y necesario.

Marcar límites no es ser egoísta,

es ser íntegro con nosotros mismos

y con los demás

Lo mismo ocurre con los niños, si no les damos pautas para el control de sus emociones, serán incapaces de gestionar sus miedos, sus rabietas y sus ansiedades.

Todo tiene un límite. Todos tenemos un límite, y dentro de él está la correcta convivencia, y el equilibrio de nuestra felicidad.

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