JEAN-CLAUDE ROMAND. LA VIDA DE UN MITOMANO.

La mitomania.

98035931 – side view of elegant man looking surprised when being caught on lie.

Mitomanía, mentira patológica o pseudología fantástica son tres de los varios términos aplicados por los psiquiatras para nombrar el comportamiento de los mentirosos compulsivos o habituales.

La mitomanía fue descrita por primera vez en la literatura médica en 1898 por Anton Delbrueck. A pesar de ser un tema controvertido, la mentira patológica se ha definido como una invención inconsciente y demostrable de acontecimientos muy poco probables y fácilmente refutables.

Características

Las características que definen pseudología fantástica son:

  1. Las historias contadas no son del todo improbables, ya que a menudo tienen algún atisbo de verdad y siempre son muy formuladas. Las historias no son delirios o una manifestación de la psicosis: si se le presiona, la persona puede llegar a admitir que lo que cuenta no es cierto, aunque de mala gana y en casos más fuertes el individuo no admitirá la verdad, generalmente terminará desviando la conversación con halagos físicos u otros temas relacionados que contengan mayor veracidad.
  2. La tendencia a mentir es duradera, no es provocado por una situación inmediata o por la presión social sino que más bien se trata de una característica de perturbación de la personalidad.
  3. El motivo interno último, no el externo, de dicho comportamiento se puede discernir clínicamente.
  4. Las historias contadas tienden a presentar al mentiroso de manera favorable. Por ejemplo, la persona puede presentarse a sí misma como alguien increíblemente valiente, sabio.

Un poco acerca de…

Jean-Claude nació el 11 de febrero de 1954 en Lons-Le-Saunier, una pequeña población cercana a la frontera de Suiza. En su infancia fue un chico solitario, con pocos amigos y una actitud retraída. 

Hijo único, desde muy joven vivió con preocupación por la salud de su madre, mujer enfermiza, de la que desconocía la enfermedad que sufría, pero que se mostraba preocupada en excesivo ante cualquier mínimo imprevisto, hecho que lo motivó a ocultarle sus estados emocionales y a plantearse si era adecuado decir la verdad si al hacerlo se causaba aflicción.

En el ámbito académico, destacaba por ser un estudiante aplicado, un chico que se podía considerar muy formal e introvertido, que no era aficionado a los deportes y que fue pasando por la escuela sin mayores inconvenientes. Una vez terminada la educación elemental y el instituto, decidió matricularse en la universidad de Medicina, carrera que cursó sin problemas hasta el segundo año, cuando afirmó que el día del examen final de Fisiología, no escuchó el despertador y, por ese motivo, no acudió a realizar el examen, que era eliminatorio. Este hecho marcó un punto de inflexión en su vida y fue la primera de sus grandes mentiras.

Años después la investigación pronto reveló que Jean-Claude Romand no era la persona que creían sus vecinos y conocidos. No tenía trabajo, y había estado engañando a toda su familia y amigos durante casi dos décadas, afirmando ser médico e investigador en la OMS, cuando en realidad nunca había superado el segundo curso de Medicina, y vivía del dinero que había conseguido estafar a lo largo de los años en su círculo de allegados, llegando a vender a precio de oro medicamentos falsos contra el cáncer. Al parecer, en la época en que cometió los crímenes, su familia estaba a punto de descubrir la verdad sobre él, y además había agotado todos sus recursos económicos. Acorralado, atrapado en su propia trampa, no encontró otra solución que el asesinato pues, según sus propias palabras, “su familia no aceptaría la verdad”.

El 9 de enero de 1993 asesinó a su mujer con un rodillo de amasar, y más tarde a su hija Caroline, de 7 años, y a su hijo Antoine, de 5, empleando un rifle del calibre 22. Después de estos crímenes, limpió la casa, salió a pasear, y horas más tarde se dirigió a la casa de sus padres, en Clairvaux-les-Lacs (Jura), donde, después de comer, los asesinó del mismo modo. Tras pasar la noche con su amante, en París, regresó a su domicilio y le prendió fuego a su casa con él dentro, no sin antes haber tomado una buena dosis de barbitúricos. No obstante, fue rescatado por los bomberos y tras casi una semana en coma, consiguió salvar la vida.

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