APRENDIENDO A ESCUCHAR

Aprender a escuchar es uno de los aspectos más importantes de la comunicación. Para escuchar es necesario usar todas las facultades, con una concentración total.

Escuchar es una función activa; es una tarea, porque exige un esfuerzo no solo para comprender, sino para callar, inclusive para evaluar las reacciones internas que provoca lo que se está escuchando. Algunas veces quien escucha llega a un punto de saturación, no es capaz de recibir más información y puede manifestar: “De verdad necesito un poco de tiempo para pensar y asimilar todo lo que has dicho”, reacción muy positiva y totalmente diferente a la de aquel que tras haber escuchado algo dice: “¡Eso es ridículo!”. Un comentario de esa clase es toda una desilusión, así que más vale decir: “No comprendo como es que puedes sentirte de esa manera.”
Existen muchas barreras o interferencias para que se de la comunicación efectiva, incluso sucede que muchas personas se valen de la falta de comunicación como una oportunidad para herir, ya sea a si mismas o a los demás. Es indispensable buscar aquello que ocasiona las barreras y tratar de entender lo que está sucediendo, en vez de empezar a culpar automáticamente, lo que seguramente entorpecerá cualquier intento posterior de comunicación.

Una recomendación de Virginia Satir, psicoterapeuta familiar, nos dice lo siguiente:
Cuando busques los motivos de lo que impide la comunicación preguntaré a ti mismo “¿Qué es lo que Vi y escuché, y que pensamientos y sentimientos experimenté en ese momento?” Comparte esto con la otra persona y pídele que haga lo mismo.
Aunque parece algo muy natural y lógico que cuando nos hablan escuchemos, esto no sucede así. Se menciona frecuentemente que hay una gran diferencia entre oír y escuchar: oír es fácil, resulta automático, escuchar implica poner atención, darle importancia a lo que se nos comunica, incluso comprender y dar una respuesta.
Sin embargo, aunque a veces exista el deseo de escuchar también existen situaciones internas que nos impiden hacerlo; entre las más frecuentes tenemos las siguientes:
• “Estoy sentado aquí sólo porque no quiero herir tus sentimientos, o porque tengo miedo de que si no lo hago podrías castigarme.”
• “Algo muy interesante que sucede por ahí me atrae y al distraerme no te pongo atención.”
• “Como ya sé lo que vas a decir, desvío mi atención.”
• “Estoy muy preocupado por algo que me inquieta y no te escucho.”
• “Tengo algunos asuntos inconclusos contigo y no puedo escucharte ahora. Es como si continuamos repitiendo lo mismo.”

Para escuchar y comprender realmente lo que otra persona está diciendo se requiere una concentración sin prejuicios, de forma tal que no se proyecten los propios pensamientos o emociones en las palabras del que habla, ni se termine escuchando lo que se cree en lugar de lo que realmente se dijo. Para evitarlo, se debe hacer caso a los expertos en comunicación, quienes recomiendan dar una respuesta decodificada a lo que se acaba de escuchar; eso significa que se debe repetir aquello que uno piensa que la pareja ha dicho, así se confirma si realmente el mensaje que el otro quería transmitirnos se captó correctamente. Esto casi nunca se practica debido al temor de parecer tontos, ya que se supone que el ser humano es lo suficientemente hábil para comprender a la primera, pero si se tiene el cuidado de corroborar con el interlocutor, si se cerciora de haber comprendido correctamente su mensaje, se evitarán para el futuro malas interpretaciones.

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