TIPOS DE ESTRÉS

El estrés, según su función, se clasifica en positivo y negativo.

Todas las personas han experimentado estrés en algún momento de su vida, pero comúnmente lo asocian con sus aspectos negativos debido a que no conocen sus efectos positivos. El organismo de los seres humanos cuenta de manera natural con la respuesta de estrés, para enfrentar situaciones de la vida cotidiana.

El estrés positivo provoca en el organismo cambios que se hacen en armonía; por ello, las respuestas son adecuadas a los estímulos y están adaptadas a las posibilidades fisiológicas del individuo.

El estrés positivo es un conjunto de respuestas psicofisiológicas agradables, gratificantes y placenteras porque el estímulo para la acción y la actividad y el logro de metas. Este tipos de estrés ayuda a enfrentar desafíos y adaptarnos al entorno.

Una persona experimenta estrés positivo cuando enfrenta situaciones desafiantes, cuyas demandas son altas, pero no rebasan sus recursos; por ello puede sentirse competencia, confianza, motivación, entusiasmo y bienestar.

Sin embargo, cuando las demandas del medio ambiente son excesivas, muy intensas y rebasan la capacidad de resistencia y de adaptación del organismo, el estrés positivo puedes transformarse en estrés negativo o distrés; entonces las personas perciben que están rebasadas en sus capacidades, habilidades o recursos para el afrontamiento de situaciones estresantes o que el entorno es adverso.

La mayoría de las personas conocen el estrés negativo y lo perciben porque los hace sentir tensos, preocupados o cansados, dado que la resistencia de su cuerpo llegó a un límite y afecta su salud y bienestar. Además provoca sentimientos de impotencia y frustración, los cuales si se prolongan, pueden desencadenar trastornos de ansiedad y/o depresión en personas vulnerables.

El estrés, según su duración, se clasifica en agudo o crónico.

El estrés agudo es una reacción intensa e inmediata ante una amenaza -real o imaginaria- a la que se responde ya se enfrentándola, evitándola o paralizándose.

El estrés agudo es muy intenso, pero de corta duración. Por ejemplo las personas que se suben a la montaña rusa, la sensación describe y explica mejor este tipo de estrés. Las personas que se suben al juego experimentan una gran activación y energía en su cuerpo que es muy intensa, pero dura unos cuantos minutos; después, se bajan del carro y en pocos minutos, el cuerpo regresa a su estado normal.

Por el contrario, el estrés crónico es de menor intensidad, pero persiste durante mucho tiempo y generalmente se relaciona con experiencias negativas. Ante este tipo de estrés se siente cansancio, hartazgo y se puede afectar la salud física y mental. Esto sucede porque no se le da la oportunidad al cuerpo de recuperarse -regresa a su estado normal- y se le sigue exigiendo que responda a las demandas del ambiente.



REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS:

Instituto Nacional de Psiquiatría Ramón de la Fuente Muñiz. (2013). Estrés y Salud Mental -Estrategias para el Manejo Integral de Estrés. México



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